Por Redacción
Ciudad de Mexico, 17 de marzo de 2026.- Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, presentó su renuncia en protesta por la guerra contra Irán, argumentando que el país persa no representaba una amenaza inminente y que el conflicto fue impulsado por presión israelí. En una carta pública dirigida al presidente Donald Trump, el funcionario, confirmado en el cargo por el Senado en julio de 2025, declaró que no podía en conciencia apoyar una guerra iniciada debido a la influencia de “Israel y su poderoso lobby estadounidense”. Trump respondió calificando a Kent como “un buen tipo, pero siempre pensé que era débil en seguridad”.
La dimisión de Kent, un veterano de las fuerzas especiales y exagente de la CIA, representa la primera salida de alto nivel dentro de la administración Trump por desacuerdos con la denominada “Operación Furia Épica”, el conflicto que estalló a finales de febrero. Su perfil como fiel seguidor del expresidente y miembro de la derecha conservadora hace de su ruptura pública un hecho político significativo, evidenciando divisiones internas sobre la estrategia en Medio Oriente.
En su declaración, Kent fue categórico al desmentir la narrativa oficial de la Casa Blanca, que justificó la intervención alegando una amenaza inminente, posiblemente nuclear, por parte de Irán. “Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación”, afirmó el ahora exdirector, sugiriendo además que funcionarios israelíes y medios aliados habrían impulsado una campaña de desinformación para llevar a Estados Unidos al conflicto.
La respuesta de Trump, dada a conocer a través de diversos medios, minimizó la renuncia y reafirmó su postura belicista. “Cada país se da cuenta de lo que es una amenaza”, señaló el mandatario, sin abordar directamente las acusaciones de Kent sobre la injerencia israelí. La guerra, según reportes citados por el renunciante, habría cobrado la vida de al menos 13 militares estadounidenses.
El nombramiento de Kent había sido polémico desde un inicio, enfrentando la oposición de legisladores demócratas por sus vínculos con grupos de extrema derecha como los Proud Boys y por no haber condenado abiertamente las teorías conspirativas sobre el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Su salida deja vacante una posición clave en la comunidad de inteligencia estadounidense en medio de un conflicto internacional escalado.
La renuncia pone en evidencia las tensiones dentro del aparato de seguridad nacional de Estados Unidos y proyecta dudas sobre la unidad del gobierno frente a una guerra que, según críticos, carece de un consenso amplio. El episodio podría intensificar el debate en el Congreso sobre los alcances y justificación del conflicto con Irán, así como sobre el grado de influencia de actores externos en la política exterior estadounidense.