Ciudad de Mexico, 28 de marzo de 2026.- Una investigación periodística internacional ha puesto en duda la narrativa oficial sobre un reciente bombardeo realizado por fuerzas de Ecuador con apoyo de Estados Unidos, el cual fue presentado inicialmente como un golpe exitoso contra un campamento de narcotraficantes. Reportes de medios como The New York Times y France 24, basados en trabajo de campo y entrevistas con residentes, indican que el objetivo destruido era en realidad una granja dedicada a la producción de leche y ganado en una zona rural del norte ecuatoriano.
La discrepancia surge tras la difusión de un video por parte de funcionarios estadounidenses que mostraba una gran explosión, descrita oficialmente como la eliminación de un centro de entrenamiento de grupos armados vinculados al narcotráfico. Sin embargo, las versiones recabadas en la localidad de San Martín, en la provincia de Sucumbíos, aseguran que la propiedad pertenecía a civiles y funcionaba como una unidad productiva agrícola sin vínculos con actividades ilícitas. El propietario de la finca y varios de sus trabajadores negaron las acusaciones de las autoridades.
Según los testimonios recopilados, antes del ataque aéreo, soldados ecuatorianos habrían ingresado a la propiedad en helicóptero, procediendo a interrogar a los empleados y a incendiar estructuras como cobertizos y viviendas. Los trabajadores reportaron haber sido sometidos a maltratos físicos y torturas, incluyendo asfixia y golpes, antes de ser liberados o trasladados. Posteriormente, se llevó a cabo el bombardeo que redujo a escombros lo que quedaba de la instalación ganadera.
Ante estas revelaciones, el gobierno de Ecuador ha mantenido su postura de que la operación formaba parte de una estrategia legítima contra el narcoterrorismo. El Ministerio de Defensa ecuatoriano emitió un pronunciamiento asegurando que en el sector intervenido se registraron hallazgos de armas y que la zona era utilizada por estructuras criminales conocidas como Comandos de la Frontera. Las autoridades insisten en que la acción fue necesaria para combatir la violencia que ha afectado recientemente a miembros de las fuerzas armadas en la región fronteriza.
El incidente ocurre en el marco de una escalada operativa denominada por funcionarios militares estadounidenses como parte de esfuerzos ampliados contra los cárteles en América Latina. Mientras el Comando Sur de EE.UU. elogió el compromiso de las fuerzas ecuatorianas en esta lucha, las denuncias de abusos contra la población civil y la destrucción de bienes privados han generado cuestionamientos sobre los métodos empleados y la veracidad de la inteligencia utilizada para seleccionar los objetivos.
La contradicción entre los informes oficiales y la evidencia presentada por periodistas y habitantes locales subraya la tensión existente en la frontera norte de Ecuador. A pesar de las afirmaciones gubernamentales sobre el éxito del operativo, las imágenes de la finca destruida y los relatos de los supervivientes plantean serias dudas sobre la naturaleza del blanco atacado y las consecuencias humanitarias de esta nueva fase de cooperación militar entre Quito y Washington.