Por Redacción
Tapachula, 23 de agosto de 2026.- José Luis Guerrero, un venezolano de 31 años, no pudo conocer a su hija Cloe, quien nació hace poco menos de un mes en Oklahoma. Guerrero fue capturado por agentes estadounidenses 44 días antes del parto, cuando acudió a su cita migratoria en Tulsa. Tras ser encerrado primero en el centro penitenciario del Condado de Otero, en Chaparral, Nuevo México, y luego trasladado al Centro de Detención Sierra Blanca, en Texas, fue deportado a Tapachula, Chiapas.
Antes de su arresto por parte del ICE, Guerrero trabajaba de lunes a sábado en una fábrica de tamales y ahorraba para el nacimiento de su pequeña. Su vida en Estados Unidos se resumía en intentar obtener la legal estancia junto a su esposa Maryeni, un intento trunco que ahora recuerda con nostalgia desde el sur de México. La ciudad de Tapachula, junto con Villahermosa en Tabasco, se ha convertido en uno de los dos principales puntos donde México deja a la deriva a más de 10.000 migrantes de distintas nacionalidades.
Guerrero, quien vivió en la sombra de las cárceles porque un terremoto en su país había tumbado previamente las deportaciones inmediatas, se prepara ahora para salir en caravana desde Huehuetán, al sur de Chiapas. Entre 300 y 400 personas se han unido a esta caravana más amplia para caminar de vuelta al norte. “Mi esposa me dice que las cosas en Estados Unidos están muy complicadas, ya no se puede ir para allá, así que ahora tendré que moverme para la Ciudad de México en busca de una oportunidad de trabajo pero lejos de mi familia”, declaró Guerrero.
En una situación similar se encuentra César Gómez, también venezolano, quien fue capturado casi al mismo tiempo que José Luis. Una tarde de miércoles, después de trabajar en tareas de pintura y acondicionamiento en un edificio de relaciones públicas y mercadotecnia empresarial en Los Ángeles, Gómez acudió a jugar béisbol con amigos. Las carreras de jonrón se convirtieron en huida masiva cuando agentes del ICE irrumpieron en la unidad deportiva al sur de la ciudad.
A muchos no les dio chance de correr y a los que corrieron les fue peor: fueron golpeados y subidos por la fuerza a las patrullas para ser trasladados directamente a centros de detención y después a la frontera con México. César y su grupo de amigos salieron de Estados Unidos rápidamente y, cuando cayeron en cuenta de lo que pasaba, ya llegaban en autobuses a la frontera con Guatemala. Gómez cuestionó la rapidez del proceso: “¿Cómo es que una persona pasa de”.